Siempre había pensado que Mauricio era probablemente la isla paradisíaca más turística del océano Índico, sin embargo nada más llegar allí la sensación que tuve fue totalmente distinta. En realidad, Mauricio es mucho más que un destino de playa: su geografía cambiante, su embriagadora naturaleza, el gran crisol de culturas que allí se encuentra, la infinidad de especies de aves, el trato cálido de la gente de la isla… Son características que hacen de Mauricio un verdadero paraíso.

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Mi primera parada en Mauricio fue el Hotel Shangri-La, al nordeste de la isla. Para llegar allí seguimos la carretera de la costa, donde pude apreciar el auténtico ritmo de vida de los locales: pequeños pueblitos junto al mar, pescadores, niños volviendo de la escuela… Este ambiente lleno de vida me atrapó desde el principio y me permitió sintonizar con la isla desde el primer momento.

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Además, en el mercado de Flaq, un mercado local muy poco frecuentado por los turistas, pude disfrutar de las paradas de street food y descubrir los exóticos alimentos de la isla, los tejidos y los saris que usan las mujeres, y sentirme como una auténtica habitante de la isla.

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Después de ver el gran ambiente del mercado y de los pequeños pueblos de costa, me quedé muy sorprendida cuando nos adentramos en el acceso para llegar al Shangri-La. Es simplemente espectacular. De repente te encuentras entre las cañas de azúcar, rodeado de silencio, en un entorno que respira paz, hasta que aparece el hotel en todo su esplendor. Además, ese mismo día había caído un pequeño chaparrón y el ambiente se había llenado de aroma a vainilla, flores, especies… Me sentí completamente inmersa en el Índico.

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Mi estancia en el Shangri-La fue un placer para el paladar. El hotel ofrece gran variedad de oferta gastronómica gracias a sus diferentes restaurantes con productos de alta calidad, platos muy bien preparados y exquisitamente presentados: restaurantes de comida india, japonesa, internacional, local, criolla… Todos espectaculares, sobre todo el restaurante local, ideal para foodies, donde puedes disfrutar de comida fresca local criolla con influencias de gastronomía francesa. Eso sí, mi momento favorito del día era empezar con un buen desayuno con zumos naturales recién elaborados.

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En el Shangri-La también pude ser testigo del día a día de los pescadores locales, que atrapan a sus presas en las playas cercanas y las traen ellos mismos al hotel para que los huéspedes podamos disfrutar de pescado fresquísimo todos los días.

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Después de ponerme las botas en el Shangri-La, tocaba portarse bien, y en Mauricio el mejor sitio para eso es el Shanti Maurice, un espectacular hotel situado en la costa sur. Este hotel está completamente integrado en la naturaleza, a veces incluso es difícil de ver ya que se funde con la frondosa vegetación. Además, es un centro de energía y bienestar muy importante de la isla, y cuenta con uno de los mejores spas de Mauricio, con tratamientos excelentes a base de productos naturales.

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El ambiente es ideal para realizar un total detox: levantarse temprano, tomar un buen zumo, practicar yoga en el Yoga Pavilion, en plena naturaleza, con el murmullo del agua, la brisa y los pájaros de fondo, y disfrutar del desayuno después de haber hecho ejercicio. ¡La mejor manera de empezar el día!

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Y como portarse bien no está reñido con comer bien, ¡el hotel ofrece una gastronomía excelente! De hecho, cuenta con un huerto ecológico privado, y una vez a la semana una auténtica madre mauriciana prepara la cena para algunos afortunados. Además, el restaurante con menú a la carta es una maravilla. A cargo de un chef austríaco, ofrece una fusión de cocina de las islas del Índico con gastronomía criolla e internacional. ¡Sencillamente espectacular!

Mi última parada en este paraíso fue en el Hotel St. Régis, un hotel colonial que tiene la suerte de contar con una de las mejores playas de Mauricio: una playa larga, de arena blanca y aguas cristalinas, muy tranquila e ideal para nadar, que ha sido votada como la mejor de la isla varios años consecutivos.

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Desde luego, la ubicación del St. Régis es espectacular: frente a la increíble playa paradisíaca, en la península de Le Morne y a los pies de su imponente colina, un lugar muy vinculado a la historia de la isla. De hecho, una de las mejores experiencias es la subida a Le Morne, un trayecto de unas 2 horas de la mano de un guía autóctono que me hizo descubrir las plantas medicinales y las hierbas aromáticas que allí se encuentran mientras me contaba las historias de los esclavos que se escondieron allí durante años, huyendo de sus amos. A pesar de la dificultad de algunos tramos a lo largo de la subida, las vistas merecen muchísimo la pena.

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Y para reponer fuerzas después de la subida, nada mejor que disfrutar de una excelente experiencia gastronómica en el Floating market del St. Régis.

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Mauricio es, sin duda, mi paraíso.

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